
Hace unos días estoy con ganas de escribir, de contar todo lo que estoy viviendo estos meses. Quiero dejar plasmado para la posteridad mis días de estrés y de felicidad en la planificación de nuestra boda (prefiero decirla en plural, porque yo no me caso sola).
Cuando empecé estas líneas quería hablar de lo emocionante que fueron los días en que H pidió mi mano, ha sido quizás los días más intensos y en los que me he sentido más en las nubes, solo los podría comparar a los días en que con H empezamos a ser enamorados. La gran diferencia ha sido que esta vez, como novios, nuestras familias estaban presentes y compartían nuestra alegría. Atrás quedaron esos inicios en los que, cual Romeo y Julieta, teníamos que ocultar nuestro amor ante los demás y fingir que seguíamos siendo amigos. Pero hoy NO hablaré de nuestra etapa de novios sino de nuestro inicio como ENAMORADOS.
Me acuerdo la oposición de mi madre cuando le dije que H me había manifestado sus intenciones de estar conmigo (ya estábamos, pero yo no se lo quería decir). La conversación fue más o menos así...
- Mamá, H me ha dicho que de tanto vernos y conversar le parece que está sintiendo algo especial por mí.
- ¿Eso te ha dicho?
- Sí, me dice que le gustaría tenerme como enamorada.
- ¡Qué atrevido, qué se ha creído! ¡¡como se le ocurre decirte eso!!, ¿qué edad tiene él?, ¿qué hace por la vida? ¿Supongo que le habrás dicho que no?
- Pero mamá -yo estaba al borde del llanto- él es un chico bueno y noble, qué interesa su edad ni qué haga, tú siempre has dicho eso.
- ¿Ha creído que porque eres su amiga puede ser tu enamorado?
- Mamá, es el único chico bueno que he conocido ¿y justo con él me dices eso? No me parece nada justo, lamento haberte contado y no estoy de acuerdo con lo que me dices...
No recuerdo si la conversación siguió, pero si recuerdo que no me quedé callada, que "pelié" por lo que creía era justo, di mi punto de vista y me dolía ver que mi mamá no lo aceptaba. A la vez también reflexionaba y era obvio que luego de dos decepciones amorosas seguidas lo más normal hubiera sido que esté más tiempo sola. Puedo entender que por eso mi madre de inicio no me dio su aprobación, pero me dolía que su argumento vaya por otro lado.
Nunca más hablamos del tema. Ya ni recuerdo cuando fue que le dije que ya éramos enamorados, quizás con el tiempo se fue dando cuenta que se equivocó y por eso no me dijo más nada.
El Padre L. fue la primera persona a la que le contamos que éramos enamorados y fue también quien nos ayudó con mi mamá. A él le contamos que mi mamá no estaba de acuerdo con nuestra relación, y entonces él, cuando hablaba con mi mamá, le decía que H era una buena persona. Luego, muy sonriente, casi como un cómplice travieso, nos contaba lo que hablaba con mi mamá.
Ahora en retrospectiva, puedo ver que no tuvimos un inicio fácil y ahora que estamos a punto de unir nuestras vidas en matrimonio tampoco el panorama es del todo color de rosa. En ambos casos los inconvenientes son externos, nada que nuestro amor no pueda vencer, quizás por eso el día "D" lo disfrutaremos con más ganas.