sábado, 11 de febrero de 2012

Y es que no todo puede ser felicidad...

Fui con Hernán, pero quién sabe por qué entré sola a la consulta. El doctor me pareció un poco tosco desde la entrada cuando luego de decirle que el motivo de mi visita era un retraso me dijo “quítate el pantalón y el calzón y ponte la bata”… pienso que había formas más delicadas de pedírmelo, pero bueno el hecho fue el siguiente.
Yo en la camilla él haciendo las palpaciones del caso, me dice “uyyy tú ya tienes como 9 meses” yo en mi mente “me está bromeando, que tan panzona estaré o qué dice??” yo no sabía qué decir, y como que se reía y me dice “puede ser que ya tengas varios meses?” y le digo “no creo por qué me ha estado viniendo antes” y seguía sonriendo al igual que la enfermera. Le pregunto a la enfermera “estoy embarazada” me dice “sí, moviendo la cabeza y sonriente”. Se me caían las lágrimas de emoción y a la vez incredulidad y también pensaba que Hernán debería estar aquí en el consultorio conmigo. En eso me pone en la barriga un líquido para y un aparato que se supone es para escuchar latidos del bebe. Mientras hacían eso, el doctor y la enfermera conversaban de cualquier cosa, yo trataba de saber cuáles serían los latidos del bebé, pensaba cómo mis padres se pondrían contentos, también me preocupaba el pensar que había tomado por año nuevo y en otras celebraciones y eso podía afectar al bebe y eso me preocupaba, pensaba que mi vida va cambiar por completo, que ya seríamos tres, que ya era una mamá… de repente el doctor dice “no hay nada, parece que es un tumor, hazte una ecografía y un examen de sangre de todas maneras para descartar”. Una gran interrogante y dolor se apoderaron de mí. Como uno puede pasar de una alegría, de una emoción tan linda a una decepción así. Como puede haber un médico de ese tipo que da pronósticos sin un mínimo de prudencia o seriedad. Me sentí desvastada, me fui a un baño a llorar. Fue hermoso sentirme por unos minutos mamá y fue trágico que me digan luego que tenía un tumor.
Luego me hice los exámenes y todo fue poniéndose peor. Tengo el ovario izquierdo poliquístico y el derecho con un tumor de 16 cm. No he vuelto donde el mismo médico y tal parece que el destino quiere que no vuelva donde él por muy especialista que sea en tumores.
Visité otro por recomendación de mi querida amiga Camy y me fue muy bien, todo lo contrario al otro médico. Puedo decir que me fue bien en el trato que tuvo conmigo y porque a pesar de lo que pasa no tuvo una palabra desalentadora.
Estoy con muchos miedos, me tienen que operar para quitarme ese inquilino que se ha apoderado de mi ovario sin permiso. Mi amiga Camy me dice que le sorprende que tenga miedo, que soy una persona de fe, que no debería sentirme así que todo saldrá bien. Yo creo que merezco la oportunidad de seguir siendo feliz, de lograr todos nuestros sueños con Hernán como el de criar a nuestros hijos con mucho amor, de poder jugar con ellos, aconsejarlos, verlos crecer, sentirnos realizados al verlos madurar… no quiero pensar que las cosas no funcionaran como lo planeamos pero mi lado pesimista muchas veces quiere apoderarse de mí, pero NO, NO lo dejaré.
Sé que es una prueba que nos pone, y aunque me mate preguntando ¿por qué nos pone pruebas? ya todo está escrito y será así. Pienso que quizás Dios quiere que la llegada de nuestro hijo sea con nosotros esperándolo con muchas ansias y bien preparados. Ahora no hubiera sido así, aún no era el momento.
Me da miedo porque nunca he entrado a una sala de operación ni nada parecido, pero sé que todo saldrá bien. Todo lo que realmente está pasando solo lo saben Hernán y Camy, a mi mamá no le he dicho que tienen que operarme, aún no le pienso contar, primero hay que preparar todo. Esta semana me hacen unos exámenes de marcadores tumorales y TAC abdóminopélvico, gastaremos mucho, pero como Hernán dice “tiene que estar bien la casita del bebe”.
Prefiero no pensar mucho y solo dejar que todo suceda, que todo sea positivo porque merezco ser feliz (aunque suene pedante), y más que eso Hernán y yo merecemos ser felices, hemos hecho las cosas bien para llegar a estar juntos, no pedimos nada más que se nos deje cumplir nuestros sueños.

¡De vuelta!

Me gustaría no tener que alejarme tanto tiempo, y poder escribir más sobre las cosas que me suceden y siento. Hoy dando una leída a los post anteriores puedo revivir un poco estados de ánimos y hechos que me marcaron, pero hay tantos otros que deberían estar acá y sé que si ahora los cuento no podré decir todo lo que sentí en verdad.

Haciendo un resumen, hoy (ya de madrugada) cumplo un año de casada civilmente. Una fecha especial, pero nada comparada con el matrimonio religioso con el que empezó realmente nuestra vida de pareja. Pero no puedo dejar de decir que la ceremonia del civil a pesar de ser muy corta, fue muy emocionante y mágica. Todo salió lindo, y solo podría repetir que estuve feliz, feliz, feliz, igual fue la despedida de solteros preparada por mi familia en la que mi mamá me dijo que "nunca me había visto tan contenta", recuerdo que bailé con todos, no quería dejar de saltar y celebrar... fueron días muy intensos, llenos de muchas emociones buenas y malas por parte de algunos "amigos" que no se portaron a la altura y que me decepcionaron. Podría decir que la boda me sirvió para saber quienes estaban (y estarán) siempre con nosotros en las buenas y en las malas, quienes compartían de corazón nuestra alegría y quienes no.

Ya en el matrimonio hemos descubierto muchas cosas de ambos, aunque quizás no las hemos descubierto sino que las hemos confirmado; por ejemplo ya sabía que odio la cocina, que yo soy más floja, que soy más dormilona... y otros cuantos defectos más en mi caso. La de la iniciativa soy yo, pero el que ejecuta es él. La más despilfarradora soy yo, pero aún así él confía que yo guarde el dinero (quizás por eso estoy aprendiendo a gastar menos en tonterías). En cosas de la casa ambos hacemos de todo un poco, pero no puedo dejar de mencionar que si no fuera por su impulso estaríamos viviendo en el desorden total, comiendo todos los días en la calle o cocinando puras frituras.


En resumen puedo decir que tengo un esposo maravilloso, no me puedo quejar. Es mi equilibrio perfecto, hacemos un buen equipo. Hemos tenido peleas, muchas veces muy tontas, otras algo más fregadas, pero siempre sobre temas externos a nosotros o lo que podamos manejar. Una pelea recurrente es: su familia. Es un tema difícil, sobre todo para él que ahora de casados está descubriendo cosas que antes no notó de ellos y de hecho que le debe doler. Conmigo de manera indirecta y muchas veces directa han "chocado" pero nunca demostré mi cólera con ellos sino con él y allí surgían los problemas porque él no podía respoder por cosas que ellos hacían o decían.

Prefiero no ahondar en ese tema, porque este post en un inicio lo pensé para hablar en otro tema, mucho más importante y trascendente en estos momentos en nuestras vidas.

Estas últimas semanas no me he sentido bien, porque recibí unas noticias nada bonitas del ginecólogo. Todo empezó por una consulta por un retraso en mi periodo.

Fui al médico y le indiqué que tenía 20 días de retraso. Debo resaltar que era la primera vez que iba donde un ginecólogo, antes solo una vez entré por un chequeo general y como le dije que no había tenido relaciones sexuales no me revisó, solo me hizo prueba de mamas. Con Hernán había quedado que luego de casarnos iría al ginecólogo para ver cómo iba todo. Los días y meses pasaron y recién por este retraso (teniendo en cuenta que no me sucedió antes) fui.

No quiero hacer largo este post, en el siguiente cuento la visita al ginecólogo