martes, 28 de diciembre de 2010

Hace un año se le apagó la luz

Recuerdo el 31 de diciembre por la mañana ayudándola a comer con mi hermano y haciéndola caminar... en la noche viendo en la televisión las celebraciones por Año Nuevo, ella sonreía... recuerdo que el 1 de enero dormí tanto que casi no estuve con ella... y el 2 por la mañana al despertar parecía que todo seguía normal, no escuchaba ningún ruido que me avisara que algo estaba pasando. Vi llegar una ambulancia, pensé que era un chequeo de rutina, en ese mismo instante escuché a mi mamá llorar, bajé despavorida, fui a verla, estaba echada en cama con un respirador, mi primo a su lado llorando diciéndole que luchara, que no lo dejara, yo no sabía qué hacer, corrí donde mis hermanos, les dije que bajaran que mi tía se había puesto mal, presentía lo peor, pero no quería aceptarlo, mis hermanos bajaron corriendo, Alejandro no sabía qué hacer, Jesús bajó casi arrastrando sus sandalias, le traje agua a mi mamá, quería verla tranquila, corría al cuarto de mi tía y me dolía verla débil, le preguntaba al doctor que pasaba, me decía que no se podía hacer más, yo no entendía a esa máquina que sonaba y sufría por dentro, no quería que mi tía me vea llorar, nunca quise que me viera mal, ninguno en mi familia lo quiso, desde que supimos lo que tenía guardamos todo el dolor para que ella no sufra de vernos mal. Jesús le daba la mano, le decía que allí estaba él, que se pondría mejor, mi primo Alfredo le decía "mamá allí está Jesucito que tanto te quiere, no te duermas", Jesús su sobrino favorito, al que de niño llamó "Cielo" al que cantaba "aserrín, aserrán, los maderos de San Juan..." el sobrino que siempre estuvo engriéndola, tanto como ella lo hizo con él cuando niño. "Mamá allí esta Nena, Alexito, no te duermas...." nos quiso a los tres, y los tres la queríamos de manera especial, nuestra tía querida la que nos visitaba todos los domingos, la que se quedaba en casa si mis papás viajaban, la que queríamos tener viviendo con nosotros siempre, ella nos estaba dejando y no queríamos aceptarlo.

Trajeron la camilla, se la llevaban, mis hermanos jalaban la camilla, no podían ir, solo dos personas iban en la ambulancia, mi mamá y mi primo. Le dimos un beso, ella ya no hablaba solo la veíamos luchar.

Casi anochecía cuando recibimos una llamada, el médico pedía que toda la familia vaya, que era mejor despedirse, yo no quería aceptar despedidas, pero quería verla y estar al lado de mi mamá. Llamé a mis tíos, todos llegaron, tenían que entrar uno por uno. Cuando tocó mi turno tuve de nuevo que hacerme la fuerte, ella ya no hablaba, estaba con el respirador, parecía durmiendo, toqué su mano, me reconoció y levantó su cabeza, intentaba abrir sus ojos y parecía querer decirme algo, la enfermera me decía que no le dijera nada, que la deje tranquila, me sentía mal, y pensé que seguro ella no quería que la vea así, hasta en ese momento ella no pensaba que tan mal se sentía, sino pensaba en no hacerme sentir mal a mí. Salí de la sala, siguieron entrando mis hermanos, mi papá y mis tíos. Aproveché para esconderme y entre que entraba y salía otro, los vigilantes no se dieron cuenta que me quedé. Cuando todos se fueron nos quedamos en la sala de emergencia intentando descansar un poco. Eran las 3 de la mañana y entró una mujer embarazada con su esposo, le dijeron que esperara que la llamen y nosotros esperábamos que no nos llamaran. Pero sucedió. "Familia Bojórquez" gritaron desde la puerta de las salas, mi primo fue raudo, luego mi mamá, ella no demoró mucho en salir, se acercó y me dijo: “Ya no pudo más tu tía… entra a verla y saca a Alfredo que no quiere salir”. Entré y la paradoja de la vida se daba, la mujer que vi entrar era llevada a una sala ya estaba a punto de dar a luz, mientras que la luz de mi tía ya se había apagado.

Alfredo le insistía a la doctora de que la examinara bien, que quizás era un error, le pedía que no le tape la cara, la doctora le decía que saliera, él no quería, le hablé y recién reaccionó que no había nada que hacer, salimos de la sala.

Lo que vino después fue hacer trámites, llamar a la familia y miles de cosas que no permitían ni daban tiempo de llanto, sí hubo llanto contenido y mucho. Hay días en que he quedado sola en casa y he aprovechado a llorar como niña, he llorado en hombros de Hernán, he sentido por mucho tiempo ese dolor apremiante en el pecho, el mismo que vuelvo a sentir ahora que ya ha pasado un año y he querido recordar todo lo sucedido y ver si quizás de esta manera puedo aliviar un poco este dolor. Sé que está con Dios y que está mejor, sé que quiere vernos bien, que está contenta con todo lo que me está pasando, seguro por eso el otro día en sueños me persignó y me habló.

En Navidad estuvo con nosotros, veía la luz encendida de su habitación y esperaba que saliera a cenar. En Año Nuevo también nos acompañará, y otra vez veremos televisión y sonreirá y conversaremos sobre los planes para el 2011.

En marzo estará feliz y me ayudará a vestirme, me colocará el velo y seré feliz. Siempre soñé con mi boda, con mi boda con ella a mi lado.

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